Viernes , noviembre 24 2017
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Por una economía inclusiva. Hacia un nuevo paradigma sistémico

Por una economía inclusiva. Hacia un nuevo paradigma sistémico

INTRODUCCIÓN
Jamás en la historia habían existido tantas escuelas, facultades y academias de
economía, ni tantos profesores, alumnos y licenciados en esta disciplina. Jamás se habían publicado tantos libros, artículos, informes buscando capturar los rasgos esenciales y corregir los presuntos defectos (reales o ilusorios) del sistema capitalista (o de las “economías de libre mercado”, si se prefiere una expresión embellecedora). Jamás se había producido tal torrente de estadísticas y de modelos matemáticos sobre cualquier ocurrencia o menudencia que encajara aceptablemente (de grado o por fuerza) con los postulados de partida.
Y, sin embargo, llevamos algunos años padeciendo una colosal crisis económica que ha devaluado en grado considerable un buen número de patrimonios, ha destruido un enorme caudal de confianza en el sistema monetario y en las instituciones reguladoras de los mercados financieros, ha conducido al paro a millones de trabajadores y trabajadoras (lo que representa una enorme cantidad de riqueza potencial evaporada inexorablemente), ha propiciado el despliegue de maniobras tendentes a recortar derechos y a debilitar las redes protectoras del estado del bienestar. Un objetivo intermedio que ha favorecido este retroceso en el plano de la protección social ha consistido en recortar servicios y ayudas de carácter público, bajo el lema de “abaratar el funcionamiento del estado moderno”. Aquí el cuento de la lechera consistía en imaginar un mercado perfecto e instantáneo gracias al cual uno podía asimismo imaginar que dejando campo libre al interés privado se conseguirían maravillosos resultados de armonías económicas y se recuperaría la senda de un mítico crecimiento benefactor en provecho de todos. Por otro lado, los científicos naturales llevan años avisando de los peligros que para la humanidad genera el actual ritmo de deterioro ambiental, sin que ello se haya traducido en un cambio sustancial en la forma de enfocar los problemas ni en una acción decidida para resolverlos.

En suma, padecemos una situación escandalosa y grotesca. La inmensa mayoría de presuntos expertos, las grandes instituciones de seguimiento de la coyuntura, de evaluación de riesgos, de prospectiva mundial no vieron (o no quisieron ver) la que se les caía encima. Pero no sólo no se vio ni entendió bien el desencadenamiento y evolución de la crisis, sino que a la hora de sugerir parches y remedios, no se ha producido una confluencia de propuestas por parte de los expertos, ni se adivina en el horizonte un proceso de convergencia hacia salidas razonables.
Esta desastrosa situación es debida, en parte, a un problema ideológico (a saber, los objetivos del beneficio y del crecimiento se consideran irrenunciables), pero también a la estrechez de miras de los economistas y políticos que a menudo solo tienen en cuenta la economía de mercado capitalista. En este contexto —y hoy más que nunca— es necesario y urgente construir enfoques alternativos de interpretación de la realidad social y económica que permitan ofrecer respuestas y propuestas para terminar con los padecimientos y el despilfarro que está produciendo la crisis y avanzar hacia una sociedad humana y sostenible.

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